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Conferencia en vídeo

Mirar los cielos: el misterio de la Luna

En esta conferencia veremos cómo sus múltiples facetas inspiraron algunas de las preguntas más profundas que nos hemos hecho relacionadas con la esencia misma del cosmos, el lugar que el ser humano ocupa en él y hasta la existencia de vida extraterrestre. Veremos también cómo el arte dejó constancia de todo ello.

Conceptos

Guía de la charla

De qué trata

A lo largo de la historia, la Luna ha sido la puerta de entrada a lo desconocido y el astro más cercano a través del cual la humanidad ha intentado descifrar la naturaleza del cosmos. Durante casi dos milenios predominó la cosmología aristotélica, que dividía el universo en un mundo celeste perfecto, inmutable y compuesto de éter, frente a un mundo terrestre corruptible y cambiante. Sin embargo, las manchas oscuras visibles a simple vista en la superficie lunar generaron constantes debates y explicaciones de diversa índole —desde reflejos de la propia Tierra y diferencias de densidad hasta interpretaciones metafísicas— hasta que la ciencia moderna determinó que corresponden a antiguos afloramientos de lava basáltica provocados por el impacto de cuerpos celestes sobre una corteza lunar aún frágil.

La llegada del telescopio a comienzos del siglo XVII, de la mano de Galileo Galilei, transformó por completo esa cosmovisión al revelar que la Luna distaba de ser una esfera lisa y perfecta, mostrando valles, cráteres y montañas análogos a los terrestres. A partir de ese momento se desató una intensa carrera por cartografiar su relieve, motivada tanto por la fascinación científica y la búsqueda de vida extraterrestre como por el problema práctico de determinar la longitud en alta mar. Este recorrido abarca desde las nomenclaturas de Van Langren, Hevelius y Riccioli —cuyo sistema del siglo XVII perdura en la actualidad— hasta las ingeniosas recreaciones fotográficas decimonónicas con moldes de escayola y la cartografía satelital del siglo XXI, demostrando cómo la observación lunar ha ido de la mano del desarrollo técnico, científico y cultural.

Ideas clave

  • La Luna funcionó históricamente como la principal interfaz astronómica para cuestionar la física y la composición del universo.
  • El dogma aristotélico de una esfera lunar inmutable y perfecta convivió con hipótesis fallidas sobre el origen de sus manchas hasta que se identificó su naturaleza basáltica y volcánica.
  • Las observaciones telescópicas de Galileo en 1609 demostraron el relieve irregular de la Luna, abriendo una profunda grieta en la división entre física celeste y terrestre.
  • La cartografía lunar del siglo XVII estuvo impulsada en parte por el intento de resolver el problema de la determinación de la longitud en la navegación marina.
  • El sistema de nomenclatura lunar propuesto por Giovanni Riccioli en 1651, basado en filósofos y astrónomos, sentó las bases del esquema oficial ratificado siglos después por la Unión Astronómica Internacional.
  • Astrónomos experimentados como William Herschel creyeron identificar bosques y ciudades selenitas debido a la convicción imperante de que los cuerpos celestes debían albergar vida.

Glosario

Terminador
Línea divisoria que separa la región iluminada por el Sol de la zona en sombra en la superficie de un cuerpo celeste, cuya irregularidad en la Luna permitió a Galileo deducir la existencia de relieve.
Éter
Quinto elemento hipotético postulado en la cosmología aristotélica, considerado puro, eterno e incorruptible, del cual se creía que estaban formados todos los astros del ámbito celeste.
Basalto
Roca volcánica de tonalidad oscura originada por el enfriamiento de magma rico en hierro y magnesio, responsable del tono característico de las manchas o mares lunares.
Daguerrotipo
Primer procedimiento fotográfico de difusión pública en el siglo XIX, empleado por investigadores como John William Draper para obtener las primeras impresiones de la Luna.
Teoría del gran impacto
Modelo ampliamente aceptado sobre la formación de la Luna según el cual esta surgió hace unos 4.500 millones de años a partir de los escombros generados por la colisión de un cuerpo del tamaño de Marte contra la Tierra primitiva.
Cuenca de impacto
Depresión de grandes dimensiones provocada en la superficie de un astro por la colisión de un gran objeto celeste, como la cuenca Aitken situada en el polo sur lunar.

Transcripción completa

Lee la charla de principio a fin

  • 1:20:40 de charla
  • 10.430 palabras
  • Español · English

Cada párrafo lleva su minuto: púlsalo y el vídeo empieza justo ahí.

Bueno, ya ha empezado la temporada de invierno, ¿no? Ya tenemos dos días de frío que... ...que hacen que encontrarse aquí sea todavía más agradable. Hay una temperatura un poquito más... Como veis, hemos puesto la temperatura al máximo, ¿eh? No veáis hoy hasta esto en perfecto... No sé si hay que quitarse ropa.

Muy bien. Bueno, pues hoy tenemos una una charla especial, una charla especial porque es una Lucas Lara más una charla del Ateneo. Mezclamos las dos en una. El Ágora, que fue uno de los del ciclo de conferencias que comenzamos el año pasado y que era representativa de eso que se ha llamado la tercera cultura, que era, bueno, pues una mezcla de ciencia y humanidades, que como decía un amigo, un buen amigo que conoce bien ambas cosas, decía: «No, es la cultura cero, no la tercera cultura. Es la es la cultura que primero se estudiaba y después se dividió, porque claro, las metodologías de acceso a esos conocimientos se diversificaron. Pero para Aristóteles no había ninguna diferencia en estudiar metafísica, la Luna o las tragedias de sus contemporáneos, ¿no? Todo entraba dentro precisamente de...». Pues efectivamente, dentro de que si llamamos cultura cero, tercera cultura, o como queramos llamarlo, tenemos hoy a Montserrat Villar Martín. Hemos enseñado Villar Martín, es astrofísica, pero a su vez es también una persona que se ha involucrado de una manera muy intensa y amplia en unir esos dos conocimientos.

De hecho, si alguno de ustedes tuvo el año pasado la la... bueno, pues la... ...la posibilidad de asistir a una de las charlas que se dieron dentro de este ciclo Ágora en el Ateneo, que se llamaba... que la dio una chica que se llamaba Nerea... no recuerdo ahora mismo su apellido...

Maestu.

Nerea Maestu, y que la dio sobre los... unos catálogos de... ¿cómo se llama esto?, de cometas en la Edad Media, donde a los a los cometas se les ponía cara y se estudiaba... Entonces decían: «Mira, tiene tal cara». Y dependiendo de la cara que se observara, el cometa era de los que traían tragedias para el campo, o traían, digamos, caídas de los de las dinastías... O sea, digamos, había todo un estudio sistemático entre la apariencia del cometa y las... Y bueno, lo que quiero decir es que Nerea tenía dos directoras de tesis: una directora de tesis astrofísica, como es Montse, y otra directora de tesis que era de Historia del Arte, ¿no? Y ella era licenciada en Historia del Arte. Es decir, que esa mezcla ya ya se viene realizando desde desde un cierto tiempo.

Ella estudió en... Es malagueña, ¿no?, si no recuerdo...

Soy gallega.

Pero bueno, viví años en Málaga.

Bueno, esto pasa... A ver, dice uno... un profesor... Pero yo siempre la he considerado de Málaga. De hecho, estudió aquí en la Universidad de Granada y posteriormente cuarto y quinto lo hizo en La Laguna, en Tenerife, que en aquel tiempo era una de las pocas universidades españolas que tenía especialidad en astrofísica.

Posteriormente realizó su tesis en el Observatorio Europeo Austral, en Alemania, sobre un tema en los que en la que, bueno, pues ella lleva trabajando, por decirlo así, toda su vida profesional, que son los núcleos activos de galaxias. Es decir, la relación entre qué pasa en los núcleos de las galaxias cuando hay un agujero negro central y cómo eso, digamos, influye en todo el resto de la vida y evolución de las galaxias, ¿no?

Posteriormente ha tenido varios posdocs. Estuvo trabajando en Sheffield, en Inglaterra, y en el Instituto de Astrofísica de París. También fue profesora de la Universidad de Hertfordshire. Y ya hasta que en 2003 pues se vino al Instituto de Astrofísica de Andalucía con una con una beca, con un contrato, mejor dicho, Ramón y Cajal, que eso ya implicaba pues también el poder el poder presentarte a una plaza fija que ya obtuvo ella con nosotros en 2008.

En 2011 se nos fue para el Centro de Astrobiología, y en 2009 tuvo una actividad importantísima, yo creo, y que se lo debemos reconocer toda la astronomía española, porque fue la encargada de coordinar el nodo español del Año Internacional de la Astronomía. El nodo el Año Internacional de la Astronomía estuvo coordinado desde la UNESCO. Si no recuerdo mal, y corrígeme, Montse, hubo más de 120 países dentro de lo que era la estructura de hacer de dar a conocer la astronomía en todo el mundo. Bueno, pues ahí debo de decir que el nodo español fue el más activo, y el que, comparado incluso con Estados Unidos o con otros lugares donde el número de astrónomos es muchísimo mayor y, no digamos ya, los presupuestos, ¿no? Estamos tratando estamos tratando con otros números, ¿no? Bueno, pues con todo y con eso, el nodo español fue el más activo y fuimos felicitados, especialmente por la UNESCO, precisamente frente a este tema. Y ella llevó esa coordinación, ¿no?

Tiene... Empezó haciendo unos trabajos preciosos, que yo lo seguía desde lejos, que se llaman «Reflejos del cosmos», donde lo que intentaba era buscar qué elementos astronómicos aparecían en los cuadros clásicos. Principalmente ella se se trabajó un poco más con qué fenómenos físicos estaban representados en los cuadros del Prado. Entonces, en colaboración con el Museo del Prado, escribió un un pequeño facsímil, un pequeño fascículo sobre «Reflejos del cosmos», que es un librito que se vende directamente allí, ¿no?, ¿o se regala, o cómo es eso?

No sé si sigue en venta. Bueno, en realidad fue un itinerario y este fue el libro guía del itinerario, fue «Reflejos del cosmos». Estaba en venta en la en la editorial del Museo del Prado. No sé si sigue en venta.

Y el otro que que acaba de publicar y que, digamos, da nombre al título primero, se llama «Mirar los cielos». Es este otro libro que que tenéis aquí y que acaba de acaba de publicarse, ¿no? Así que es una persona, como ya digo, que ha intentado unir estos dos mundos, que yo creo que a todos nos resulta muy atractivo, como es la ciencia y el arte, y seguro que lo vamos a disfrutar. Cuando quieras.

¿Me oyen bien? Bueno, primero muchas gracias, Emilio, por la presentación y por esta invitación. Aquí estuve 7 años, así que es volver a mi segunda casa durante 7 años. Es un placer volver a estar aquí. Y entonces, bueno, me ha encantado el concepto de cultura cero. A partir de ahora lo voy a utilizar porque me gusta mucho, más que cultura la tercera cultura, es cierto. Y de hecho yo creo que un protagonista esencial de esa cultura cero precisamente es el cosmos, porque al cosmos hemos mirado desde perspectivas muy diferentes. Al universo hemos mirado por motivos prácticos, o sea motivos que se alejan de lo que hoy consideraríamos un objetivo científico, porque en los ciclos celestes vimos repeticiones que nos sirvieron para los primeros calendarios.

Al cielo miramos también con la creencia de que nuestro destino está escrito en las estrellas, pensábamos que a partir de la posición de los planetas, el Sol y la Luna, las constelaciones del zodiaco podíamos predecir el futuro, podíamos determinar las características de los temperamentos. Son las premisas de la astrología, que hoy es una práctica descartada como fallida, pero ciertamente tuvo mucha importancia durante muchos siglos y en muchas culturas, y de hecho se consideraba como otra manera de entender el universo y de estudiarlo, por tanto también fue otra motivación para mirar al universo.

En el cosmos, en los cielos, vimos fenómenos que éramos incapaces de predecir y de explicar en aquel tiempo, como los eclipses o los cometas, y el miedo que nos inspiraban también nos llevó a observarlos, a registrarlos, a interpretarlos. Fue otra motivación para mirar al cosmos.

Y también nos ha servido para orientarnos en el espacio. En muchas culturas se definieron constelaciones de acuerdo con la cultura y el contexto de cada momento y cada lugar, y en esa bóveda estrellada en la que imaginamos todos estos dioses, mitos, objetos y leyendas, es también como un imaginario colectivo de todas esas culturas milenarias. Por tanto, también nuestra cultura, nuestras ansias y nuestros deseos están plasmados en la bóveda estrellada.

Y por supuesto nos hemos fijado también mucho, hemos prestado mucha atención al cosmos porque nos ha inspirado, nos sigue inspirando algunas de las preguntas más profundas que nos hemos hecho, que nos seguimos haciendo. Por ejemplo: ¿qué forma tiene el universo?, ¿cuál es su sustancia?, ¿es eterno o tuvo un principio?, ¿tendrá un final?, ¿cuál es su geometría? Preguntas también como, por ejemplo, si estamos solos en el universo. Si queremos entender nuestro lugar en el cosmos, algo que desde el principio de las culturas también nos hemos preguntado, de dónde venimos, cuál es el origen de todo, ¿cómo ha llegado a transformarse en lo que es hoy? Todo esto pasa también por preguntarnos si estamos solos en el cosmos. Esto define también nuestra relación con las demás especies vivas. En la actualidad todavía no hemos descubierto vida fuera de la Tierra, pero uno de los objetivos fundamentales en la investigación científica actual es la búsqueda de esos indicios, esas señales de vida en otros mundos, por la convicción de que realmente tiene que existir vida ahí fuera. La convicción en sí no demuestra nada, este optimismo no demuestra nada, hay que buscarlo. Y uno de esos objetivos, desde luego, de la investigación científica actual es esa búsqueda y el diseño de tecnología puntera para conseguirlo.

Por tanto, aún hoy miramos al cosmos con objetivos de querer comprenderlo desde la investigación científica más puntera. Pero lo que les quiero decir con todo esto es que el universo tiene tantas facetas como maneras de mirarlo, y todas estas grandes preguntas que nos inspiraron durante siglos y que aún lo siguen haciendo, las hemos abordado desde distintos caminos: desde la religión, desde la filosofía, desde intereses políticos y económicos también han influido en nuestra concepción del universo, y también desde luego desde el punto de vista de la investigación científica. Por tanto, si algo es representativo de esas miradas, de esa cultura cero, podemos focalizarlas en la interpretación del universo y sus fenómenos.

Y en este sentido la Luna es protagonista absoluta. ¿Por qué? ¿Qué diferencia la Luna de los demás astros? Primero los cambios. Vemos claramente sus cambios de fases, que empieza pues por la luna nueva, va creciendo, llega la plenitud de la luna llena, empieza a decrecer y la Luna acaba desapareciendo otra vez de luna nueva para luego volver a aparecer. Estos cambios de fase tuvieron aplicaciones como en los primeros calendarios, nos servía para medir el tiempo, y también con simbolismos. Inspiró también creencias muy diversas, porque fácilmente lo podemos asociar con el ciclo del nacimiento, de la plenitud de la vida, la adolescencia, luego poco a poco nos vamos haciendo mayores, envejecemos, la muerte, y luego la resurrección: la Luna vuelve a aparecer. Entonces también ha tenido ese simbolismo del ciclo de la vida, la muerte y la resurrección.

Pero me interesa más otro aspecto, que es lo que voy a hablar hoy con más profundidad, y es que la Luna era el astro más cercano a nosotros. Entonces eso nos ha abierto la puerta a lo desconocido, ha sido la interfaz hacia ese cosmos del que queríamos descubrir sus misterios. Si nos hemos preguntado por la sustancia del universo, de qué está hecho el universo, hemos pasado por la Luna. Hemos querido investigar de qué estaba hecha la Luna para entender mejor el resto del cosmos. Si hemos soñado con visitar otros mundos, cosa que hemos hecho desde hace al menos 2000 años, si hemos querido soñar con viajes espaciales, la Luna era el lugar obvio porque era el astro más cercano. Si hemos soñado con vida en otros mundos, si hemos querido buscarla o soñar con extraterrestres, también la Luna era ese lugar más atractivo. Y ya en el siglo II incluso hubo un relato de Luciano de Samosata donde él soñaba... bueno, imaginó un viaje espacial de una serie de personajes que llegan hasta la Luna y allí se encuentran con extraterrestres. Por tanto, la Luna ha sido como este escenario, como esta ventana a lo desconocido que parecía que hacía posible lo imposible. Nos ayudaba a soñar y a anticiparnos a eso que vendría en el futuro: esos viajes espaciales y todo ese sueño de la exploración del cosmos.

Y todo esto es lo que les quiero comentar hoy. Aquí ven una imagen espectacular de la Luna.

Y para empezar tenemos que irnos al siglo IV antes de nuestra era, con el filósofo griego Aristóteles, que tuvo una importancia enorme durante muchos siglos en muchas áreas del conocimiento, desde luego también en nuestra interpretación del universo. Aún a principios del siglo XVII pervivía prácticamente intacta la visión del cosmos que había propuesto Aristóteles. Si aquí nos interesa con relación a la Luna es porque Aristóteles planteó un universo dividido en dos ámbitos. Eran dos ámbitos totalmente diferentes. El ámbito celeste, que era el ámbito donde estaban las estrellas, la Luna, el Sol, los planetas, era un ámbito puro, hecho de una sustancia eterna, inmutable, que era el éter. La Luna, como parte de este ámbito celeste, se consideraba un astro puro y perfecto. Los movimientos en este ámbito eran también perfectos. Y puesto que el movimiento más perfecto que se consideraba era el circular uniforme, pues se trataban de describir todos los movimientos celestes de los planetas, de la Luna, del Sol en función de movimientos circulares. Ese era el ámbito celeste: puro, perfecto, con movimientos circulares, todo hecho de éter y eterno.

En el ámbito terrestre, que es el ámbito del ser humano, el ámbito de la naturaleza, estaba hecho de una mezcla de cuatro elementos clásicos (ideas también influidas por sus antepasados): hecho de una combinación de fuego, aire, tierra y agua, que en combinación daba lugar a todo lo que conocemos. Y todo era cambiante y corrupto. Los movimientos en el ámbito terrestre eran diferentes. El movimiento natural de todo era rectilíneo. Si tiro una piedra, cae hacia abajo porque tiende a su lugar natural, que es la tierra, siguiendo una línea recta. Las burbujas tienden a ir hacia arriba porque su lugar natural está en el aire, en la capa del aire, y por su tendencia natural es ir hacia arriba. Por tanto, salvo que yo fuerce algo a moverse de otra manera, todo tiende a su lugar natural con movimientos rectilíneos. Por tanto, como digo, son dos ámbitos separados. Fue una cosmovisión que perduró durante muchos siglos, y la Luna, como elemento del ámbito celeste, se consideraba pura y perfecta.

Sin embargo, cuando nosotros miramos a la Luna no parece perfecta. Tiene estas manchas que son visibles a simple vista, no necesitamos un telescopio, ningún aparato óptico para distinguirlas. Están presentes en muchas leyendas, en el folclore de muchas culturas.

Y hoy sabemos a qué se deben, desde el siglo XX. La Luna, cuando todavía era muy joven, experimentó, pues hace unos 4.300 millones de años, una etapa de un bombardeo de cuerpos celestes de distintos tamaños muy, muy intensa. Era una Luna joven, que tenía una corteza frágil que encerraba un interior muy caliente de magma. Algunos de esos impactos tenían la suficiente energía como para resquebrajar esa corteza frágil; lo pueden ver en la izquierda, es una representación artística. Por esas grietas surgió ese magma caliente que fue cubriendo grandes extensiones de la Luna. Era magma muy rico en basaltos, de la misma forma que el volcán de La Palma, por ejemplo, la lava, cuando se enfría, es muy oscura porque refleja menos la luz del Sol. De la misma manera, todos estos afloramientos basálticos de origen volcánico en la Luna cubrieron grandes zonas que dieron lugar a esas manchas oscuras. Por tanto, hoy sabemos a qué se deben las manchas de la Luna: a ese diferente origen, origen volcánico, de esa Luna joven y esa diferente composición que hace un contraste, las hace más oscuras, por contraste con el resto de la superficie.

¿Pero cómo lo hicieron en el pasado? Hubo distintas propuestas. Algunas de ellas quedaron plasmadas en una obra que escribió el filósofo griego, ciudadano romano, Plutarco, que vivía entre los siglos I y II. Las fechas las tengo que mirar porque tengo mala memoria, pero bueno, sí, entre los siglos I y II. Escribió una gran obra llamada Moralia, y uno de los ensayos que contiene lo dedicó a la cara visible de la Luna. Son una serie de personajes que hablan de distintos temas: de los eclipses, de las fases de la Luna, etcétera, y además hablan también de ese aspecto extraño, y se preguntan el motivo de esas manchas de la Luna. Y ahí queda patente algunas de las ideas que se habían propuesto hasta la fecha. Algunas trataban de reconciliarlo con la idea de la Luna pura aristotélica. Por ejemplo, Clearcho, que fue discípulo de Aristóteles, planteó la idea de que la Luna era un espejo y se veían reflejados los continentes y los océanos. Se planteó también la posibilidad de que fueran ilusiones ópticas, o a lo mejor se debían a variaciones de la densidad de la sustancia pura de la propia Luna, que daba lugar a esos contrastes en su superficie. Uno de los personajes plantea una idea curiosa, que es que la Luna no es un mundo puro, sino que es un mundo como la Tierra, que incluso podría estar habitada, tiene valles, montañas, tiene océanos. Y finalmente, el último personaje, que es el que da voz, el alter ego del autor, Plutarco,

se decanta más por una explicación metafísica, donde dice que la Luna es el mundo al que van las almas de los muertos en el camino a la purificación y que se acabarán disolviendo en la sustancia lunar. Entonces es una obra interesante donde se ven algunas de esas ideas con las que se trataba de explicar ese aspecto extraño de la Luna.

Algunas de estas ideas pervivieron durante muchos siglos, y además quedan patentes en obras que nada tienen que ver en principio con tratados del universo o tratados de la Luna. Por ejemplo, la Divina Comedia, que fue escrita por el poeta italiano Dante Alighieri a principios del siglo XIV. Dante tenía muchos conocimientos sobre astronomía. Se han publicado muchos artículos acerca de cómo queda plasmada la visión del cosmos en tiempos de Dante Alighieri a través de su Divina Comedia, y están profundamente influenciadas esas ideas precisamente por las ideas de Aristóteles. La Divina Comedia son más de 14.000 versos, divididos en unos 100 cantos, y habla del viaje que hizo Dante, el protagonista, el propio autor, primero con Virgilio, luego con su amada Beatriz, viaja al infierno, al purgatorio y al paraíso. En una de esas etapas en la que viaja al primer cielo, al cielo de la Luna con su amada Beatriz, él le plantea, le pregunta a qué se debe ese aspecto extraño de la Luna con esas manchas oscuras, y él mismo dice, él argumenta que posiblemente su opinión es que se debe a variaciones de densidad; es decir, está recuperando esas ideas del pasado, se debería a variaciones de densidad en la sustancia de la Luna. Pero Beatriz le contradice con distintos argumentos, y uno de ellos es que si la Luna tuviera distintas zonas, que unas fueran más transparentes y otras fueran más opacas, cuando hubiera un eclipse de Sol,

en el que el Sol se coloca detrás de la Luna, parte de esa luz atravesaría las zonas más transparentes del cuerpo lunar, cuando en realidad, el año que viene esperemos poder verlo, el Sol queda totalmente oculto. Por tanto, no le servía esa explicación de la diferencia de densidad, y se decanta de nuevo también por una explicación metafísica en la que dice que los astros, las diferencias de los astros, incluido las diferencias de brillo en la superficie de la Luna, son una manifestación del poder creador de Dios, el poder creador de la diferencia que viene de Dios, y esas manchas son pues una manifestación de esa diferencia del poder de la creación de Dios. Por tanto, es una explicación metafísica. Aquí les muestro una iluminación que forma parte de un proyecto iconográfico que fue muy, muy ambicioso, de la Divina Comedia, que fue realizado por Giovanni, fueron dos artistas, pero uno de ellos fue Giovanni di Paolo, a mitad del siglo XV. Y en esta escena pueden ver, vemos a Dante, que está charlando con Beatriz, y aquí vemos ese argumento del eclipse, están hablando de las manchas de la Luna.

Johannes Kepler, a principios del siglo XVII... El siglo XVII fue la transformación radical de nuestra interpretación del universo, también de la Luna, como van a ver. Fue el siglo de Johannes Kepler, de Galileo Galilei y muchos otros científicos que le dieron la vuelta a cómo habíamos concebido el universo. Johannes Kepler, uno de los grandísimos nombres de la historia de la astronomía, relataba esto en una disertación que escribió en 1610 como respuesta dirigida a Galileo Galilei. Y escribía lo siguiente, esto fue en 1610: «Hace ya tres meses que el augustísimo emperador me planteó diversas preguntas acerca de las manchas de la Luna, afirmado en la opinión de que las imágenes de las tierras y continentes resplandecían en la Luna como si se tratase de un espejo. Alegaba en concreto que le parecía ver proyectada a Italia con sus dos islas adyacentes». Es decir, Johannes Kepler le cuenta a Galileo que su patrón, que es Rodolfo II, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, creía que la Luna era un espejo y creía ver incluso a Italia, identificaba la silueta de Italia reflejada allí. Aún a principios del siglo XVII, en esta época, estaba en debate la naturaleza de la Luna. Todavía muchos eruditos la consideraban como un astro puro y perfecto, porque aún estaba muy asentada esa cosmovisión de Aristóteles en la que lo celeste es puro, perfecto, inmutable, y lo terrestre es corrupto y cambiante.

En 1608 se inventa el telescopio, un artilugio que nos permitió ver cosas nunca vistas. Y permitió a mentes tan extraordinarias como la de Galileo interpretar cosas muy rompedoras. Galileo se hizo, ya en 1609 él tenía, se hizo con un telescopio. El telescopio se propagó su uso como la pólvora por las principales ciudades europeas, tenía muchas aplicaciones, y Galileo Galilei fue el primero en utilizarlo para realizar un estudio sistemático del universo. Al observar la Luna, se dio cuenta de que no tenía nada de perfecta. Estos dibujos los realizó él, en observaciones que hizo a partir de 1609. Era un telescopio que casi con cualquier prismático un poquito bueno que tengamos hoy veremos la Luna mejor de lo que la vio Galileo. Entonces Galileo tenía conocimientos tanto de óptica, como del comportamiento de la luz, de astronomía, de física, y lo que él vio le permitió interpretar, proponer que en la Luna había valles, que había montañas. Los resultados tanto de lo que observó en la Luna como Júpiter, las fases de Venus, etcétera, que cambiaron, como digo, por completo el modelo del cosmos, lo dibujó... Aquí lo publicó en un pequeño librito, el Sidereus Nuncius, en marzo de 1610, que es una de las obras más importantes de la historia de la ciencia. Contiene estos dibujos que él mismo hizo, porque además Galileo sabía dibujar. Son dibujos de la Luna en diferentes fases. Y como veis, en el terminador,

que es la línea que divide la zona iluminada de la sombría, es irregular. Se dio cuenta de que no era una línea perfecta, como esperaríamos en una esfera perfecta, sino que tenía irregularidades. Y a medida que cambiaba la fase de la Luna, la forma en que el Sol la iluminaba, iba también cambiando de aspecto. Entonces lo que escribió fue lo siguiente: «La Luna no se halla cubierta por una superficie lisa y pulida», es decir, no es una esfera perfecta, «sino áspera y desigual, y que a la manera de la faz de la Tierra, hállase recubierta por doquier de ingentes prominencias, profundas oquedades y anfractuosidades». Es decir, está diciendo: tiene relieve. Dice: «La Tierra es errante y superior en brillo a la Luna, y no un sumidero de inmundicias y heces terrenales». Está haciendo similares la Tierra y la Luna. Está diciendo: la Tierra no es un vertedero de heces, sino otro mundo más, y la Luna también lo es. Este estudio de la Luna tuvo muchísima influencia, como los demás estudios que hizo Galileo, porque se revela la impureza de la Luna y se muestra como un mundo más, parecido a la Tierra.

No fue una idea que se aceptó de manera inmediata, pero sí fue una grieta muy profunda, una de las que ya se empezaban a abrir en el edificio de la cosmología aristotélica, que llevaba dos mil años en pie. Habían empezado a cuestionarse algunas ideas, pero ese escrutinio que permitió el telescopio y la brillantez de las ideas de Galileo y Kepler hicieron que no quedara más remedio, que ya no hubiera marcha atrás, que descartar esa división del cosmos que había planteado Aristóteles.

Como curiosidad les muestro aquí cómo a veces los resultados de los estudios científicos quedan patentes en lugares muy inesperados, y fijándose uno descubre cosas muy curiosas. Esta Inmaculada Concepción, sobre la que también se han escrito ríos de tinta, está en la cúpula de la Basílica de Santa María la Mayor de Roma, donde está enterrado el papa Francisco. Aquí pueden ver la Inmaculada, ahí arriba. Aquí está ampliada. Es una Inmaculada con sus características habituales: iluminada por el Sol, coronada de estrellas, con los pies sobre la Luna. Pero fíjense en la Luna. No es la Luna perfecta de las Inmaculadas de Velázquez, de Zurbarán o de Murillo años después, de tantos pintores que representaban una Luna perfecta, de alabastro, de cristal, transparente, etcétera. Aquí está representando una Luna muy parecida a la que vio Galileo a través del telescopio, una Luna plagada de cráteres. Cigoli tuvo relación con Galileo, eran amigos, lo sabemos porque intercambiaron cartas que se conservan. Cigoli también utilizó un telescopio y él mismo describe esos usos. Entonces aquí queda plasmada esa Luna recién descubierta por Galileo Galilei apenas dos años antes. Esta obra la ejecutó Cigoli en 1612, el mismo año de su muerte.

El siglo XVII fue el siglo de la Luna. Los telescopios se fueron haciendo cada vez más sofisticados, fueron desvelando un mundo lleno de relieve. De la misma manera que en nuestro planeta queremos dar nombre desde a la colina más pequeñita hasta a los océanos más gigantescos, eso mismo quisimos hacer con la Luna. Y aún hoy en día lo hacemos con el relieve de la superficie de Marte y de los mundos que vamos explorando. Aquí les muestro el primer mapa que ha llegado hasta nosotros donde hubo un intento de dar nombre a los rasgos de la Luna. Fue realizado antes de 1603, porque su autor, William Gilbert, murió en 1603. Fue hecho a ojo desnudo; para la invención del telescopio habría que esperar hasta 1608. Y ya hizo un intento de dar nombre a todos estos rasgos. William Gilbert fue físico y también médico. Fue médico de la reina Isabel I de Inglaterra, la hija de Ana Bolena y de Enrique VIII. Y aquí vemos ese primer intento de cartografía lunar que nos ha llegado. Hubo intentos muy ambiciosos y concienzudos para hacer ese mapa de la Luna, también por un motivo práctico. En el siglo XVII se estaban perdiendo muchas vidas en el mar porque no se podía determinar la posición con precisión. En el mar la latitud se podía determinar con facilidad, pero era muy difícil determinar la longitud. Para determinar la longitud necesitamos saber la hora, y el problema es que no había relojes que funcionaran bien en el mar:

por los cambios de temperatura, la humedad, los vaivenes de los barcos... No se tenían relojes que mantuvieran la hora con precisión. Esto significaba imprecisiones muy grandes en la posición, y todos los años había naufragios con pérdida de miles de vidas, choques con icebergs o, más terrible todavía, perderse en el mar sin alimentos, expuestos a enfermedades, etcétera. Distintas monarquías, también la española, ofrecieron recompensas a quienes consiguieran resolver el problema de determinar la longitud en alta mar. En España, Felipe III ofreció una recompensa, y Van Langren, cosmógrafo y matemático belga que trabajó para la corte de Felipe III, la Casa de los Austrias, cartografió la Luna con ese objetivo. Proponía un método en el que, viendo cómo cambiaban las fases y aparecían los rasgos de la Luna noche tras noche, se permitiría determinar esa hora y esa longitud. Este método no tuvo éxito. Habría que esperar al siglo XVIII a que un relojero inglés construyera prototipos capaces de determinar la hora en alta mar. Sería motivo de otra conferencia, pero lo que quiero decir es que la Luna tuvo también ese fin práctico. Van Langren propuso un sistema toponímico para dar nombre al relieve de la Luna, que ven que está plagada de cráteres y estructuras, en el que tenía un papel protagonista la monarquía, su patrón. Lo tituló en latín «El resplandeciente Felipe de Austria», al mayor océano lo llamó «Oceanus Philippicus»,

puso a la infanta Isabel Clara Eugenia, gobernante de los Países Bajos... Hace honor a la Casa Real, mecenas de su trabajo. Este sistema toponímico no prosperó; se tomó con recelo porque se consideraba que era una forma de apropiación de la Luna. Dar nombres de la Casa Real se consideraba como marcar territorio.

El mapa anterior fue realizado en 1645. Dos años más tarde se publicó el primer libro dedicado a la Luna, otra obra importantísima en la historia de la astronomía. Su autor fue Johannes Hevelius, un astrónomo polaco procedente de una familia adinerada. Tenía recursos para construir un observatorio privado con instrumentos y telescopios muy avanzados para la época. Hevelius era un experimentado observador, contaba con un taller de óptica y uno de imprenta. Tenía talento para el dibujo y para dominar las técnicas del grabado. Lo tenía todo. Y sus libros están... ilustrados con una iconografía muy rica que los hace realmente interesantes. Escribió un libro sobre cometas, este sobre la Luna, y es también un astrónomo que ha aportado mucho al avance del conocimiento.

Aquí ven una maqueta de ese observatorio que se conserva en el Deutsches Museum de Múnich, en Alemania. Es muy rico en grabados, muchos de ellos los hizo el propio Hevelius. Representaba también instrumentos de medida y, como ven, los ve tanto montados, como por ejemplo este telescopio, pero también los representa divididos en las piezas que reparte por el suelo, porque quería que los lectores aprendieran cómo se utilizaban, cómo estaba montada esa instrumentación para poder comprender mejor su uso. También enseñaba observación astronómica con esos instrumentos.

Es un libro de más de 500 páginas. Contiene unos 40 grabados similares a estos, donde va recorriendo todo el ciclo lunar y va mostrando cómo, a medida que va aumentando la zona iluminada de la Luna, se van descubriendo más y más rasgos. Ven la riqueza de los detalles, son grabados realmente magníficos.

Él propuso —este es un mapa completo de la cara visible de la Luna incluido en la Selenographia de Hevelius— un sistema de nomenclatura que estaba inspirado en la geografía de la Tierra. Podemos ver nombres en latín, pero que son el mar Adriático, Sicilia o Mallorca. Están relacionados con la geografía terrestre, donde también él lo que quería era transmitir la idea de que la Tierra y la Luna son mundos parecidos. Estaba convencido de que la Luna era un mundo habitado, que tenía océanos, tenía tierras, y quería transmitir con este sistema la idea de que la Luna es un mundo como la Tierra. Pero también era confuso. Llamar al relieve de la Luna con nombres terrestres tampoco tuvo mucha popularidad.

Un sistema que realmente funcionó y que aún hoy utilizamos, y fue adoptado por la Unión Astronómica Internacional en 1932, fue el propuesto por un jesuita, Giovanni Riccioli, que publicó en 1651, apenas cuatro años después de esa Selenographia de Hevelius, un libro casi como una enciclopedia sobre astronomía. La llamó Almagestum novum, haciendo honor o referencia al Almagesto de Ptolomeo, el nuevo Almagesto. Un capítulo está dedicado a la Luna. Este es el frontispicio, que es curiosísimo, luego si quieren lo podemos ver en detalle. E incluye dos mapas de mucha calidad de la Luna —aquí les muestro uno— que fueron realizados por su colega, también jesuita, Grimaldi. Los dos italianos.

Riccioli propuso un sistema muy bien organizado, muy sistemático. Dividió la Luna en ocho partes, ocho octantes, y organizó los nombres. Parte los tomó de Van Langren, del cosmógrafo belga, pero añadió muchos más y los organizó tomando nombres de la filosofía de la naturaleza. En la parte de arriba vemos Pitágoras, Anaximandro, Aristóteles, Ptolomeo, etcétera. Muchos de estos nombres fueron importantísimos en la interpretación del cosmos, en esa cultura de la filosofía natural de Grecia. En este otro octante que ven aquí, he marcado en rojo, porque es muy llamativo, que pone a Galileo (sus nombres en latín), a Kepler y a Copérnico, que eran los defensores del heliocentrismo, que transformaba el cosmos de una cultura ya de milenios de considerar a la Tierra en el centro del universo. Estos tres nombres fueron muy importantes para cambiar esta interpretación, poner el Sol en el centro y todo girando en torno al Sol, incluida la Tierra. Es una época muy conflictiva en esta transformación del cosmos, porque tenía implicaciones religiosas muy profundas. Pero vemos que Riccioli le está rindiendo homenaje a Galileo, a Kepler y a Copérnico. Vemos también que no se resistió a poner sus propios nombres. Aquí vemos a Grimaldi, el realizador de los dos mapas, y aquí su propio nombre, Riccioli. Porque tener un cráter o un rasgo lunar con el nombre propio es ser inmortal. Rindió también homenaje a Hevelius, lo vemos aquí, que en cierto modo era el competidor,

pues apenas unos años antes había publicado su propio sistema toponímico. Estaba muy organizado por escuelas filosóficas, por científicos, también hay algunos santos, etcétera. Y este sistema tuvo mucha popularidad y aún hoy utilizamos muchos de los nombres que propuso Riccioli.

A finales del siglo XVII, la superficie de la Luna se conocía de maravilla. Se habían publicado muchos mapas y se había escrutado con todo lujo de detalles. En 1686 se publicó un libro muy interesante, un libro de divulgación. Fue escrito por un francés, Bernard Le Bovier de Fontenelle. Era un libro de divulgación sobre los conocimientos del cosmos. Él no era científico, pero sí tenía mucho talento para divulgar esos conocimientos de la época a un público más general, no a un público erudito. Organiza todo el contenido por medio de una serie de conversaciones a lo largo de cinco noches entre una marquesa y un filósofo. Los vemos aquí a los dos. El filósofo la ha visitado a ella en una mansión que tiene a las afueras de París. Ella está ansiosa por conocer los secretos de los planetas, de las estrellas, del universo, y el filósofo, a lo largo de cinco noches bajo las estrellas, le va contando y va desvelando todos los conocimientos que tiene. Una frase que le dice es: «Y es tan exacta la descripción de la Luna, que un sabio que al presente se hallase en ella andaría sin perderse como nosotros por París». Está diciendo que la Luna se conoce ya realmente de maravilla. Esto es de un libro de 1686 y deja patente cómo era ya de profundo el conocimiento de la superficie de la Luna.

Se siguieron haciendo muchos mapas, algunos de una belleza extraordinaria. Aquí les muestro algunos a lo largo del siglo XVII. No siempre eran realistas, a veces predominaba más lo estético que lo realmente científico.

Empezaron a apreciarse también muchos detalles, como pueden ver aquí. En la parte de la derecha pueden apreciar esta fotografía de aquí abajo, es real, tomada por un orbitador lunar en el siglo pasado, no hace mucho. Vemos dos cráteres —la he puesto del revés para coincidir la orientación con la del dibujo de arriba—: el cráter Regiomontano y el cráter Purbach, que tiene 118 kilómetros de diámetro. Estos son 118 kilómetros, les da una idea de la escala. Y este es un dibujo realizado también de esa zona, que ven con todo el lujo de detalles con el que ya se estaba reconstruyendo esa cartografía lunar. No solo se representaba el mapa completo, sino también pequeñas zonas vistas desde la Tierra.

La Luna se convirtió también en un mundo en el que buscar vida. Al ser un mundo que ya se hacía tan cercano, que era similar a la Tierra, cabía plantearse la posibilidad de que estuviera habitada. A finales del siglo XVII había ya bastantes pensadores que estaban a favor de que la única vida existente no solo estuviera en la Tierra, sino que tenía que haber otros mundos habitados. En muchos casos eran ideas más religiosas o metafísicas que científicas, porque básicamente se consideraba que la manifestación del poder de Dios necesariamente tenía que tener lugar en forma de vida en otros lugares del cosmos. La manifestación más rica y superior del poder infinito de Dios se consideraba que era la vida, y el hombre en concreto, y se consideraba que esa manifestación tenía que representarse y haberse dado en otros lugares del cosmos. Por tanto, eran ideas más religiosas y metafísicas que científicas, pero es interesante porque esto amplió mucho el debate y las reflexiones acerca de esos otros mundos habitados. Y una de las personas que estaba totalmente convencida de que había vida en otros mundos fue William Herschel. William Herschel, un astrónomo que vivió sobre todo en el siglo XVIII, se le conoce habitualmente por otros motivos, porque descubrió Urano, descubrió varios satélites de este planeta, descubrió también satélites de Saturno... Empezó siendo músico, se convirtió en astrónomo, tiene una historia muy interesante.

Se le conoce menos precisamente por esa obsesión que él tenía por encontrar vida en la Luna. Él también sabía utilizar telescopios, era un experimentado observador, y buscó en la Luna con mucho ahínco tratando de identificar posibles signos de una civilización o de vida.

En una de esas observaciones que hizo en 1776, lo que vio a través del telescopio en la Luna lo dibujó de esta manera que ven aquí. Esto es lo que vio, que equivale... Es el cráter Gassendi, que es este cráter de aquí, que tiene 110 kilómetros de diámetro también. Esta zona de aquí, Mare Humorum, mar de los Humores, es esto de aquí que él dibuja. Vio cosas que él dibujó de esa manera en esa zona de la Luna. Replicó ese dibujo en este texto que escribió y lo describió de esta manera: «En la figura adjunta, que, sin embargo, está muy mal dibujada, del 1 al 10», es decir, estos números hasta el 10, «se ve un bosque que asciende hacia el monte Gassendus», o sea, este cráter de aquí él lo interpretó como un monte, «y del 11 al 14», que son, aquí lo ven, esta zona de por aquí, «se ven lugares elevados que proyectan una sombra profunda». Es decir, él estaba viendo un bosque. Creía ver un bosque y lo dibujó en la parte de arriba, que de hecho parecen arbolitos. También escribió: «Reflexionando un poco sobre este tema, estoy casi convencido de que esos innumerables pequeños circos», los cráteres, «que vemos en la Luna son obras de los lunarianos y pueden llamarse sus ciudades». Ese sesgo de confirmación, esa convicción que él tenía de que había vida le llevó a interpretar lo que veía, probablemente afectado por aberraciones o efectos artificiales en las imágenes que veía a través del telescopio,

a interpretarlos como que había descubierto vida en la Luna. Hoy sabemos que no hay vida en la Luna, no tiene las condiciones ni las ha tenido para albergarla. Pero fue una de esas formas de soñar con vida en otros mundos, y la Luna era el lugar obvio donde buscarla, porque es lo que se había cartografiado con más detalle y lo que estaba más cerca.

En el siglo XIX se consiguen las primeras fotografías de la Luna. En la izquierda pueden ver el primer daguerrotipo, realizado en 1840 por el americano John William Draper. Yo ahí no veo la Luna, se supone que está. Pero es la primera imagen que se consiguió que ha llegado hasta nosotros. Hizo varios intentos Draper. Hacia 1863 se iban consiguiendo ya imágenes más perfeccionadas, pero ni mucho menos la fotografía era en ese momento capaz de plasmar el detalle, la resolución, el nivel de distinguir estructuras que se podían apreciar con el ojo a través del ocular de un telescopio. Comparen. Esto es lo que se estaba dibujando. No todos son realistas, pero sí que se veía muchísimo lujo de detalle que los astrónomos conseguían plasmar en dibujos y que la fotografía no permitía todavía captar. Habría que esperar todavía.

¿De dónde vienen estas fotos? Forman parte de un libro que se publicó por esas fechas. Un libro dedicado a la Luna se publicó en 1874. Los autores lo titularon «La Luna: considerada como un planeta, un mundo y un satélite», y fue escrito por dos ingleses: James Nasmyth y James Carpenter, un astrónomo amateur, ingeniero, y un astrónomo profesional, que eran muy experimentados también en el uso del telescopio, en las observaciones astronómicas. Y una de las cosas que observaron fue la Luna. Quisieron incluir imágenes lo más realistas posibles del relieve lunar. Esto es lo que incluyeron. Y para aquella época es impresionante, porque no se podían conseguir fotos del relieve lunar de esta manera. Vamos a ver cómo lo hicieron.

Realizaron moldes de yeso. Primero dibujos: a partir de lo que veían a través del ocular hicieron dibujos como el de la izquierda; luego moldes de escayola, que se conservan en el Museo de Ciencias de Londres; los iluminaron con fuentes de luz de distinta intensidad, de distintos ángulos, para hacer el contraste de luces y sombras y de esa manera simular lo que ellos veían a través del telescopio. Y fueron estos moldes lo que fotografiaron, consiguiendo un resultado como este, que son las fotografías que ellos incluyeron en este libro de la Luna.

Por supuesto, desde entonces, con toda la carrera espacial, la Luna la hemos fotografiado ya desde todos los ángulos posibles. La fotografía de arriba a la izquierda fue obtenida en 1959, fue parte del programa Luna de la Unión Soviética, de la URSS, que fue la primera fotografía... Como saben, nosotros vemos siempre la misma cara de la Luna, no cambia de aspecto salvo por las fases, siempre vemos las manchas fijas, porque describe su camino en torno a la Tierra al mismo tiempo que rota. Entonces, siempre vemos la misma cara. Por tanto, hay una cara invisible que no se descubrió hasta el siglo XX, cuando se pudieron mandar orbitadores que pudieron rodearla y fotografiarla por detrás. Y la de arriba a la izquierda es la primera que se consiguió en 1959. Hay fotos muy icónicas obtenidas de la Luna en distintas épocas, por distintos países. La última es de la agencia espacial china. China está apostando muy fuerte por la carrera espacial.

Y este es el mapa lunar más detallado que se ha conseguido hasta la fecha. Es la Luna entera. Está proyectada con esta forma tan rara para poder mostrar el cuerpo completo de la Luna. Fue realizado por más de cien investigadores, una colaboración del Instituto de Geoquímica de China y de la Academia de Ciencias China. Los colores no son reales, pero, igual que hacemos en los mapas de la Tierra, codificamos la información con colores. Dependiendo de lo que queramos transmitir: antigüedad, origen del relieve lunar, altura, profundidad, etcétera, lo codificamos en distintos colores. Es el mapa más ambicioso que se ha conseguido de la Luna, en 2024. Cada centímetro equivale a 25 kilómetros, y hay doce mil y pico cráteres, 81 cuencas de impacto, 17 tipos de roca, etcétera. Es un mapa con una cantidad de información ingente que se puede ver también en internet. Es el retrato más detallado que se ha conseguido de la Luna.

Ya para acabar con esta charla, les he querido mostrar cómo la Luna, por su cercanía, su estudio sirvió para definir y cuestionar los principios de la naturaleza y del propio universo. Cambió esa concepción de la sustancia de la que estaba hecha la Luna, la sustancia de la que estaba hecho el cosmos, nuestra propia visión del cosmos. Sus múltiples facetas inspiraron algunas de las preguntas más profundas que nos hemos hecho relacionadas con la esencia misma del cosmos, el lugar que el ser humano ocupa en él y hasta la existencia de vida extraterrestre. Muchas gracias.

Aquí les dejo, por si les interesa el tema, un capítulo del libro está dedicado a la Luna y, si les interesa, pues regalo de Navidad.

Si queréis tal vez hacer una pregunta... Animaos, que se ha abierto ahora el...

Bueno, por empezar: ¿cuál es el origen de la Luna?

Sí, pues la idea más aceptada... ...aceptada es que se formó hace unos 4.500 millones de años y se formó por un gran impacto. El sistema solar era un sistema joven, la Tierra era una Tierra joven, y con la Tierra chocó un cuerpo que pudo tener el tamaño de Marte —Marte es bastante más pequeño que la Tierra—, al que se le ha dado incluso un nombre. Y ese impacto hizo que se desgarrara parte de la Tierra, ese propio cuerpo se despedazó y quedaron grandes cantidades de material en torno a la Tierra, también material muy caliente, que se fue aglomerando y dando lugar a la formación de la Luna. Entonces, la teoría más aceptada en la actualidad, en base a distintos estudios, es la teoría del gran impacto con la Tierra en ese sistema solar joven.

¿Hay actividad volcánica actualmente en la Luna?

No. Hay algo muy curioso: aunque no hay actividad volcánica y paró hace mucho tiempo, hay un fenómeno muy curioso en la superficie de la Luna, que son como pequeños destellos que de hecho se pueden observar a veces a simple vista, en la antigüedad también se observaron, pero sobre todo con telescopio. Y hay proyectos en los que tienen detectores apuntando a la Luna de una manera continuada para detectar esos pequeños destellos en la superficie de la Luna. Tiene que ser en la cara que no esté iluminada, porque si no no se pueden identificar. Y esos pequeños destellos, buena parte de ellos, lo más probable es que son impactos que se producen en la superficie y dan lugar como a esa especie de estallido de luz. Ese es un origen totalmente razonable. Pero otro es que puede que haya como emisiones de gases del interior, que puede ser neón o distintos tipos de gases, que podrían dar lugar también a esos estallidos de luz. Aunque la Luna no tiene atmósfera, sí que tiene una capa muy tenue que se levanta poco por encima de la superficie, eso es un descubrimiento reciente, y una de las posibilidades es que este gas que puede emanar de ciertos puntos de la superficie de la Luna, al reaccionar con esa tenue capa de atmósfera, podría dar lugar también a esos estallidos de luz. Entonces no es actividad volcánica como tal, pero cierta actividad sí que es posible que haya. Cierta actividad sísmica también; hay registro de que hay cierta actividad sísmica.

Pero actividad volcánica tal y como la entendemos, no; paró hace muchos millones de años.

Muchas gracias, Montse. Dado que la observación de las fases lunares es inmediata y la periodicidad es obvia, a escala de una generación se puede establecer sin problemas, ¿puede decirnos cuándo se establece la idea de que la Luna da vueltas alrededor de la Tierra? Lo digo porque bajo ese prisma, la concepción de la Luna como algo extraordinario sale del ámbito de la ciencia inmediatamente y queda en el ámbito de la mitología, de los usos... Aún hay gentes que cortan las cañas para que no se pudran cuando hay luna menguante, etcétera. Eso es otra historia, ¿no? Pero mi impresión, sin saberlo, por eso te lo pregunto, es que esa idea tuvo que ser bastante temprana; desde luego para los griegos clásicos pienso que ya estaba establecida.

Sí. Se remonta al momento en que empezamos a considerar el universo como algo que gira en torno a nosotros, porque además es que no hay ni que pensarlo. Para nosotros la impresión que tenemos es una ilusión óptica, pero el Sol sale cerca del este y se pone por el oeste. Cuando vemos la noche estrellada, a lo largo de la noche vemos que va girando todo en torno al polo celeste que está marcado cerca de la estrella polar. Por tanto, lo que nosotros percibimos, aunque es una ilusión, es que todo gira en torno a la Tierra. Así se concibió el universo desde hace miles de años. Fueron los griegos los primeros en tratar de dar una respuesta y una construcción geométrica a ese cosmos que giraba en torno a la Tierra. Entonces la Luna, como parte de ese cosmos, giraba también en torno a la Tierra, como lo hacía el Sol, los planetas y las estrellas. El cosmos estaba dividido en esferas, y esas esferas arrastraban el movimiento de todos esos astros en torno a la Tierra. No sé si contesto a...

No lo sé, porque hablo de las fases, es decir, que la Luna gira de otra forma o tiene otro giro alrededor de la Tierra. A eso me refiero: al movimiento específico de la Luna, no al movimiento de conjunto del cielo. No para plantear un problema que va a llevar mucho tiempo resolver, digo que la observación de la Luna me da la impresión de que impone inmediatamente que la Luna, para usar palabras modernas, es un satélite de la Tierra. A eso me refiero.

Sí. ¿Como satélite?

Para usar palabras modernas, ¿no?

Sí, sí. Creo que capto el matiz. Cómo pudieron explicar las fases de la Luna considerando que el Sol gira en torno a la Tierra, como se creía, y la Luna también. Pues no sé cuándo se hizo la primera explicación.

Hay explicaciones geométricas pudiendo dejar el modelo tolemaico o aristotélico. Es decir, tú giras y puedes explicar simplemente por proyecciones geométricas la Luna y Venus. En realidad, cuando se descubrieron las fases de Venus con Galileo, muchos autores siguieron defendiendo el sistema tolemaico porque se podían explicar, sobre todo los planetas interiores, los planetas más próximos, por efectos geométricos, no hacía falta. Otra cosa distinta es explicar que tuviera siempre la cara oculta. Eso ya tenía que indicar efectivamente que el planeta giraba sobre sí mismo. Tenía que darle otra explicación, que la verdad no lo he estudiado nunca y no sé qué tipo de explicación se le podría dar. Pero la otra sí existía manteniendo firme el sistema tolemaico.

¿Alguna otra pregunta? Aquí ya se sabe que lo mejor viene siempre en el postre.

¿Hay alguna evidencia de que la Luna pudo en algún momento contener agua?

Yo creo que no.

Segunda cuestión, perdona, ya te digo otras cositas. Lo que ha hablado ahora mismo Emilio sobre la cara oculta: ¿cuándo la humanidad entendió, o en qué momento de la antigüedad se comprendió que había una cara que no se veía? Y luego, no has hecho mención al querido Georges Méliès y sus selenitas, la película de principios del siglo XX cuando se manda una nave, que es un cañón, una bala. Pero bueno, el tema es el agua y la cara oculta fundamentalmente.

Vale. El agua: sí que hay agua en la Luna, pero está helada y en muy poca cantidad. Para que haya agua líquida es necesario que haya una atmósfera, porque se necesita una presión que la mantenga en estado líquido, y en la Luna no es posible. Entonces, agua líquida no ha habido en la Luna. En Marte sí, en Marte sí que hay; además se ve por los rasgos geológicos, las cicatrices que quedan en la superficie de Marte indican que hubo agua líquida en el pasado, pero en la Luna no. La segunda pregunta, es lo que comentaba Emilio ahora: cuándo se dio cuenta la gente de que tenía una cara oculta. Pues no lo sé, no sabría decir qué fecha. Pero creo que tendría que ser bastante natural. Tendría que ser algo totalmente natural si vemos siempre la misma cara, porque no cambia. A simple vista nos damos cuenta de que, salvo las fases, las manchas no cambian, es como algo permanente. De forma natural, desde bastante pronto, tuvo que haber sido obvio ese efecto. Respecto a Georges Méliès, claro, es que otro tema que sería absolutamente fascinante sería precisamente cómo hemos soñado con la Luna. Georges Méliès para mí es ya de lo más tardío. Para mí es muy interesante cómo ya en el siglo II, como antes les decía, hubo gente que soñó con viajes espaciales, encuentros con extraterrestres... como lo hizo Voltaire, como lo hizo Cyrano de Bergerac en el siglo XVIII, siglo XVII. O sea que ese recorrido para pensar cómo imaginaron

seres de otros mundos y viajes a la Luna, es realmente una conferencia aparte que realmente es maravillosa. Y desde luego Georges Méliès, hay que mencionarlo también. Pero bueno, es también heredero un poco de toda esta tradición milenaria de soñar con viajes a la Luna.

Y una cosa muy interesante además, es que en cada época esos extraterrestres que hemos imaginado son reflejo de nosotros mismos. De la misma manera que hay estudios hechos de cómo los extraterrestres de las películas, incluidos los de Georges Méliès, por ejemplo, son un reflejo del contexto de aquella sociedad, por ejemplo, en la película de Georges Méliès pues refleja un poco la época de los imperios coloniales, pues los extraterrestres aparecen como una raza inferior, bueno... A medida que fue avanzando, pues yo qué sé, la época espacial, la Guerra Fría, los extraterrestres del cine se han ido también transformando para dejar constancia un poco de ese contexto social, político, histórico.

Y lo mismo hicieron quienes imaginaron los extraterrestres del pasado, porque además era una excusa para mirarnos desde fuera, para, siempre con un espíritu muy crítico, a menudo... Por ejemplo, Voltaire en su relato Micromegas, pues habla de un extraterrestre que viene a visitarnos, hace distintas paradas por Saturno y otros lugares. Entonces llega a la Tierra y considera que nos ve como seres inferiores, al principio piensa que somos insectos, porque es un gigante, y es una crítica atroz al abuso de poder, en fin, al dogmatismo, etcétera. Por tanto, es una historia realmente fascinante que va mucho más atrás de Georges Méliès, y que sí, todos esos extraterrestres, esos viajes espaciales, dicen más de nosotros mismos que de vida en otros mundos. Aunque sí adelantaron y a veces abrieron también esas ideas que apenas empezaban un poco a atisbar en los contextos más eruditos, más científicos. Pues como ahora la ciencia ficción también se atreve a soñar con muchas cosas. Pero es muy interesante, sin duda, sin duda.

Ah, no, simplemente ya que se ha hablado de Georges Méliès, no nos olvidemos de Segundo de Chomón, que es el que hizo gran parte de ese trabajo como técnico y luego hizo sus películas. Ese era de Teruel, era español.

Y en cuanto a la cara oculta de la Luna, pues efectivamente, ya lo habéis dicho, las observaciones dejan claramente que solo vemos una cara. Otra cosa es entender por qué solo vemos una cara. Para eso hay que saber más de dinámica. Pero la constatación de que solo una cara era visible es tan lejana como queramos, cuando alguien se puso a pensar un poco.

Sí.

A mí me gustaría preguntarte una cosa un poquito quizás más química, ¿no? O sea, ¿sabemos la composición básica de la Luna y en comparación con la de la Tierra? ¿Tienen similitudes, tienen...?

Tienen similitudes y de hecho es uno de los motivos también por el que se piensa que pudo deberse también a este choque, y también tienen diferencias. Entonces se ha estudiado mucho y de distintas maneras: desde misiones que han traído muestras lunares, distintas misiones espaciales, tanto el programa lunar de la NASA como de China ha traído también, además de distintas zonas de la Luna; de meteoritos lunares, la ventaja de los meteoritos lunares es que vienen de zonas como más amplias de la Luna que algo tan específico como los lugares donde se posan las misiones. Entonces sí que se ha estudiado, es una de las claves para proponer ideas acerca de cómo se formó la Luna.

Y de hecho, la Luna va a ser protagonista, ya lo es, porque el programa espacial americano ha empezado el programa Artemisa, que se va a hacer en varias fases, una ya tuvo lugar, y en 2026 se espera una segunda fase, que va a ser una misión tripulada. No volvemos a la Luna con misiones tripuladas desde 1972, yo creo. Entonces el ser humano vuelve a la Luna en los años venideros. Y una de las ideas es ir a una zona de la Luna que está en la cara oculta, que es la cuenca Aitken, que está cerca del polo sur. Es una cuenca enorme, de las mayores que hay en el sistema solar, tiene como unos 2500 kilómetros de diámetro. Se elegirá un lugar para posar allí esa misión que irá tripulada, también para poder estudiar la composición de esta zona. Con la curiosidad de que ya uno de los programas de la exploración lunar china, recientemente, el año pasado, trajo muestras de esa zona de la Luna. O sea que sí, la composición de la Luna es una de las piezas clave para proponer ideas acerca de su historia, su origen, etcétera.

¿Alguna pregunta más? Allí hay otra.

Sabemos que las distintas fases de la Luna, hay evidencia científica que influyen en la dinámica de la Tierra. Influyen en las mareas y hay evidencia científica. ¿Qué evidencia hay, por ejemplo, las distintas fases lunares que usan en agricultura para los cultivos? ¿Hay algún tipo de evidencia científica o eso es solo mito, leyenda?

No conozco ningún estudio científico que demuestre esa influencia. Sí que es cierto que es una tradición que se remonta a muchos siglos, porque claro, la influencia de la Luna en la vida de la Tierra es totalmente obvia por las mareas, por la actividad pesquera. Las mareas es algo obvio; incluso en la vida animal, si la luna llena pues ven más, o sea que hay motivos claros. Entonces esta idea de que también conviene programar cultivos o prácticas agrícolas en función de la fase de la Luna, que está presente también en bastantes tradiciones, no conozco ningún estudio científico que lo haya demostrado. Si lo hay, lo desconozco.

Siguiendo con ese punto y teniendo aquí a varios médicos, por lo menos a uno aquí a mi lado, pero creo que tengo a más, ¿es cierto la influencia sobre los partos de la fase de la Luna? ¿Hay algo estudiado ahí o no?

Yo desconozco.

Pero lo que sí que le recordaba a Montserrat y a ti es que el humano el 70% de lo que somos somos agua. Y si la marea sube, supongo que también los líquidos nuestros...

El micrófono, por favor.

Que no sé si la agricultura va mejor sembrándola con luna nueva o con luna llena y tal, pero lo que sí le quiero recordar a Montserrat y a Emilio, es que los humanos somos el 70% somos agua. Y si el mar sube cuando la Luna está llena, digo yo, o nueva, no lo sé...

Ahora te lo explico.

Bueno, ahora me lo explicas. Supongo que nuestros líquidos y nuestra composición también se alteran, ¿no? Y si se altera la nuestra... Hombre, en medicina siempre ha habido un eso: «Este enfermo es un lunático», es decir, que porque en hombres se ponían peor en ciertas fases de la Luna. Algo tendrá que ver. Y si nosotros lo notamos, ¿por qué no lo va a notar el trigo, la cebada, el centeno?

Nosotros no notamos los efectos de las mareas.

No, no lo notamos. Me refiero a que si no hay estudios estadísticos que demuestren que lo notamos, no lo notamos, porque no hay ninguna causa física que permita que lo notemos. Tú has puesto una analogía muy curiosa. Tú dices: «Las mareas afectan al agua». Bueno, ¿por qué existen mareas? Existen mareas, el efecto marea, porque si tú tienes un cuerpo que es extenso y tienes aquí un cuerpo muy grande como el Sol, la fuerza gravitatoria aquí es distinta que la fuerza gravitatoria aquí. Entonces, esa diferencia de fuerza es la que hace que los líquidos, precisamente, hagan que se mantenga, y por eso siempre hay también dos mareas a la vez. La Tierra se queda en una parte aquí, o sea, el agua se queda una parte aquí y otra parte aquí, siempre dos mareas a la vez, aunque el cuerpo que esté atrayendo esté aquí. Nosotros, por muy grande que seamos, incluso a mí, la diferencia de fuerza gravitatoria entre cualquier parte de mi cuerpo y la otra es nula, como para producir una marea en mi interior. No existe, digamos, una teoría física que sea capaz de conectar... Es verdad que por eso te lo preguntaba, porque no sé si se han hecho... Yo he oído que sí había estadísticas y tal de partos... Por allí está Pepe Vílchez, que dice que...

Yo lo que había oído es que la estadística final es que no, que no es así.

Ah, que no había ninguna diferencia, ¿no? No hay. Giacomo, que está aquí invitado, también dice que no. Y ahí ya tendríamos que ver.

Muy bien, pues yo creo que ya le damos las gracias a Montse por esta interesantísima charla.

Gracias.

Transcripción y traducción automáticas a partir del vídeo; pueden contener errores. Subtítulos: español · English.

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